(Escribiré varios pedazos de "Memorias de Alice", sin ningún tipo de orden. Los iré colgando en entradas según me inspire y escriba sobre ella. Alice es un personaje inventado la cual haré que escriba sus pensamientos, sus memorias, sus sueños, etc; cosas que ella necesite expresar en un papel de vez en cuando. Es algo extraño. A VECES pongo ALGO mío para poder empezar a escribir sobre algo o profundicar un tema.)
Nunca me había pasado nada similar ni esperaba que pasase. En realidad, no quería que pasara nunca.
Enamorarme. Sólo pronunciarlo me aterra. No me gusta, y la verdad es que me da miedo decirlo en voz alta. De hecho, me da miedo hasta pensarlo. Puede que me equivoque. Puede que afirme algo que yo crea cierto en un momento determinado y más tarde me de cuenta de que no era así. Entonces, ¿qué? Pueden haber consecuencias. Puedo haber actuado, haber dado pasos al creer algo erroneo. Equivocarse en ese campo no es algo bueno. El arrepentimiento es algo que odio.
¿Y por qué no quería que pasara nunca? En primer lugar, por eso: por miedo a equivocarme. En segundo lugar, porque es algo demasiado fuerte. Puede atraerme alguien, gustarme. Puede encantarme. Pero, ¿enamorarme? Es algo muy grande y mucho más doloroso ante el predecible rechazo. Sí, sí; he dicho "predecible". Ese es el tercer punto por el que no quería que pasara nunca. No puedo gustarle a nadie, ni física ni mentalmente, y en realidad lo entiendo. La gente me llama pesimista. Es posible, pero lo que yo intento hacer es tener un punto de vista lo más realista posible. He experimentado lo que se siente cuando te das cuenta de la verdad, lo que se siente cuando ves que te has estado engañándote a tí misma. Es horrible... marca bastante, o al menos en mi caso. Creo que lo tengo asumido —lo de no gustar a la gente, sobretodo y especialmente a los chicos—... pero eso no significa que deje de dolerme y atormentarme. Es casi imposible que le guste a alguien, y con la mala suerte que tengo, ese "casi" se va al traste. O peor... La única persona a la que yo pueda gustarle, seguro que me cae mal. ¡O no! Pero simplemente no me guste a mí... o viva en la otra punta del mundo. De verdad.
Pero ha pasado. Creo que me he enamorado, aunque me cueste reconocerlo y me produzca inseguridad. ¿Cómo podría llamarse a lo que siento, sino? No sé. Quizás confundo términos... pero es que además una amiga lleva asegurando desde el principio de esta locura que me he enamorado. Yo lo negaba —aunque muchas veces me decía a mí misma que tal vez era cierto, o que si no paraba esto, pronto lo sería—, pero la locura ha ido a más, a muchísimo más... Y creo que he llegado a ese punto.
No me cansaré de repetir que debería ir a un psicólogo. No estoy bien de la cabeza; creo que tengo problemas psicológicos. A parte, tengo un montón de miedos y el doble de complejos. Lo reconozco; nunca he dicho que no. Estoy seriamente obsesionada con una persona. Con esto que he explicado, quiero decir que quizás es simplemente eso: una obsesión, y debido a mis problemas, me creo que es algo más. Pero es que... Las cosas llegan a un punto en que... Yo creo que sí que siento algo. Más que algo.
Estoy confusa y asustada. Sé que todo terminará y encima de una forma que me haga daño. Lo sé perfectamente, pero, sin embargo, no puedo dejar de tirar el tema hacia delante. Sé que me arrepentiré, que me sentiré patética, que me enfadaré conmigo misma por no haberlo evitado, que me quedarán recuerdos amargos que harán avergonzarme una vez más de cómo soy cada vez que piense en ello... Pero es que lo que siento es tan horrible... Puede convertirse en algo fantástico, feliz, mágico, excitante, energético, positivo... pero sólo si me corresponde la persona a la que deseo. Eso no está pasando y me provoca una inestabilidad terrible. Todo el día y casi a todas horas estoy pensando en esa persona —creo que la asustaría si supiese todo esto—. Me hago ilusiones que sé que son falsas, que no sirven de nada, que son inventadas. Me frustro a diario. Por un lado me hago esas ilusiones, pero por otro mucho más grande sé perfectamente que no tengo nada que hacer; que sólo estoy perdiendo tiempo, energía y años de vida del estrés que me provoca y del dolor que va a causarme. A veces me dan ganas de llorar, tengo algo dentro de mí que necesita ser liberado, que me agita hasta llevarme a la ansiedad y a la desesperación. Me pongo histérica y depresiva si no le veo en un lapso de tiempo muy largo, y cuando finalmente vuelvo a verle, en el primer momento estoy un poco mejor por haberle visto, pero luego veo lo imposible que es todo y el ridículo que estoy haciendo; sin contar el muro que hace tiempo que percibo claramente y en el que sé que voy a estrellarme, pero nada: yo sigo dirigiéndome hacia él a toda velocidad, ingenua... o quizás con esperanzas de algo, pese a saber que no va a suceder nunca. También siento impotencia. Impotencia por no ser capaz de nada e impotencia por depender tanto de una maldita persona.
He descrito de forma corta si fuera correspondida. Luego, de forma más extensa si todo se quedara igual. Pero... me falta el ser rechazado. Ahora mismo, ahora que lo pienso, quizás es peor el punto intermedio. La duda, la impaciencia, aquello que te incita a hacer algo, a moverte rápido por conseguirlo, el nerviosismo... Pero el rechazo sería mortal. Es el "NO" absoluto. Ya no podría hacer nada, y me costaría mirarle a la cara. Mentira, no me costaría: ni se me pasaría por la cabeza mirarle. Me sentiría rechazada una vez más, me dolería, me frustraría más que antes, volvería a sentirme inútil e incapaz cuando sea yo misma quien me dijese "te lo dije". Pasaría lo que sabía desde el principio. Moriría espiritualmente. Volvería a convertirme en una persona anti-social —aunque, en realidad, todavía sigo siéndolo un poco—. Volvería a deprimirme con más frecuencia que ahora —mi aguante disminuiría—. El ataque "anti-persona" que me entra a veces con mis propios amigos sería más rutinario. Dependería de nuevo de algún vicio anti-social y absurdo, enfermizo —probablemente el ordenador—. No tendría ganas de nada; ¿para qué? Jamás podré lograr nada que yo desee. Si, ingenua de mí, creyera en Dios, pensaría que me ha elegido para experimentar conmigo. ¿Para ver las reacciones de un humano frente a la desgracia? La frustración al no saber hacer nada bien y al no conseguir nada. Porque, ¿qué es lo que he conseguido yo, en mi vida? ¿Hay algo que haya logrado? ¿Algo de lo que me alegre, de lo que pueda sentirme orgullosa? ¿Tengo alguna virtud? ¿Sé hacer algo por lo que me reconozcan? Me refiero; todo el mundo tiene destreza en algo. Todo el mundo menos yo. A mi no se me da bien nada en especial. ¿Qué será de mi futuro? ¿Cuál es el objetivo de mi vida? ¿Qué es lo que pretendo hacer el día de mañana si no hay nada que sea adecuado para mí?
Ya he cambiado de tema. No hablaba sobre eso —es otro tema a parte—, pero nunca puedo evitar irme por las ramas. Aún así, todo lo que he dicho es cierto... Y ya no sé cómo seguir explicándome.
Alice
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